Es caprichoso el mundo y el pintor que lo dibuja. Cada día un tono diferente, una mezcla sutil de óleos que colorean las caras y los cabellos, una estación tras otra que se mezclan en paletadas nostálgicas. Y en cada lienzo tu voz cálida, azul y penetrante. Y en los ecos de la ciudad que amo tus pasos sutiles en calles sin nombre que recuerdan que allí pisaron gente con otros zapatos, pero con el mismo ímpetu y fuerza de amores olvidados, conservados o postergados hasta el dolor.
Tu risa entre escaparates olvidados a la luz de candiles sin fuerza, tu tersa piel entre los estanques de un parque retirado cuyas aguas recuerdan el reflejo de una tarde de verano. Te busco en museos y en cines y no te encuentro. Y de repente el día se vuelve gris, el suelo empieza a arder y una intensa niebla cubre mis ojos.
viernes, 19 de marzo de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
El Asedio
Nacional IV, llegas al final, ves a la lejos un puente, y de repente: Cádiz. No hace falta abrir los ojos, o apartar la vista del libro que estás leyendo, para percatarte que tienes ante ti la mancha de casas salpicadas de cal, construidas a base de piedra ostionera ,que conforman la tacita de Plata.
No hace falta, digo, porque antes de que te des cuenta, tu cuerpo ha respirado ese aroma con el que los gaditanos han vivido durante siglo a merced del comercio, el viento, las olas y la luz. Ese olor a sal que invade cada poro de tu piel, cada alveolo, y te invita a pasar, a tomarte un baño en sus playas o a disfrutar de su gastronomía, su gente y su historia.
Te reconforta la sensación de estar caminando entre sus laberínticas calles, con el rumor de las olas de fondo, el bullicio del mercado central, o las altivas voces de las marujas en los portales comentando los pormenores de la vida social gaditana o, por llamarlo de otra forma, cotilleando.
Pocas cosas recuerdan estas sensaciones, como sumergirse y pasar las páginas de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte: El Asedio. Un tocho de más de 700 páginas llenas de historia, de personajes, tramas, pasiones, lucha, entrega, y llenas de tinta, claro está.
Uno, aun siendo gaditano, que ha recorrido innumerables veces las calles de la tacita, empieza a ver su ciudad de una manera diferente después de leer ciertos libros. Se pueden imaginar lo reconfortante que es coger un libro que solo un grande de las letras puede escribir y descubrir, a través de sus páginas, la historia de tu ciudad. Me pasó con el episodio nacional “Cádiz”, del maestro Pérez Galdós. Y todavía veo a Gabriel de Araceli por la calle ancha, blasfemando injurias por lo bajini a ese Lord Gray, mientras iba a buscar a su querida Inés.
Y gracias a “El Asedio” de otro Pérez, Reverte en este caso, puedo imaginarme a Rogelio Tizón por la plaza de San Antonio, ofuscado y buscando entre las caras de la gente que por ahí pasa, la cara del asesino. Me podré imaginar también a esa buena moza llamada Lolita Palma, atractiva comerciante donde las halla, con su delirante contoneo de cintura dirigiéndose, muy mona ella, a la fiesta que el embajador inglés organiza en la cuesta de las calesas. Donde estará Pepe Lobo, Sánchez Guinea, Toño… Y podré comprobar que, aunque vaya a esa fiesta, e intente entrar, el que está en la puerta me dirá, con actitud desafiante, cual portero de discoteca: No se pueden entrar con zapatillas. Y a mí me la traerá floja, porque bajaré la cuesta de las calesas, me asomaré a las murallas a la altura de la puerta del Mar, y divisaré, gracias a la espléndida luna que luce hoy, como los franceses asentados en la Cabezuela se están intercambiando manteca con los españoles que defienden el fuerte de Puntales, muy cercas unos de otros.
Un éxito editorial sin precedentes sin duda. Y es que este escritor levanta pasiones tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Su pluma, pluma de escribir digo malpensados, directa, contumaz … han colocado a Pérez-Reverte como uno de los escritores más leídos en lengua española. Y no es para menos, sus memorables novelas- llenas de aventuras, desafíos, entuertos… - Así lo avalan. Como reportero de guerra que fue, se ha enfrentado a situaciones difíciles: Ha visto lo mejor y lo peor del alma humana y ha podido comprobar in situ los horrores de la guerra. Esto ha permitido que sus propias vivencias quedan reflejadas en sus libros mediante actitudes de personajes, lugares e incluso en el estilo directo y desgarrador de sus palabras. Desmembrando, analizando tan pormenorizadamente la condición humana que da hasta escalofríos.
Y es que en eso consiste esta novela, en la que está recogida de una forma más o menos directa, toda su obra anterior. El que empieza a leerla y se deja llevar por su trama verá que ciertos personajes les recordarán, salvando las distancias, a los aparecidos en novelas como Cabo Trafalgar, el Maestro de esgrima, la tabla de Flandes, el húsar…
Así que Peréz-Reverte, Pérez Galdós; Pérez Galdós, Pérez-Reverte. Tanto monta,monta tanto. Ningún Pérez me ha hecho tan feliz desde el ratoncito Pérez, que me traía chucherías y tonterías que un niño mellado puede desear a su edad.
Con estos dos cracks de la literatura, uno puede viajar a su ciudad tantas veces como quiera. Tan solo tiene que sentarse, ponerse cómodo, y abrir las páginas del libro. Aunque, eso sí, visitar la ciudad donde está ambientada la novela y poder hablar con los personajes, no tiene precio. Salvo el que te gastes en gasolina, avión, tren o autobús, que viendo los tiempos que corren, suele salir un pico.
domingo, 14 de marzo de 2010
La felicidad
La felicidad es esa meta que todos ansiamos y ahelamos. En su búsqueda pasamos toda una vida, y cuando esta no llega se te estremece el alma creyendo que la felicidad es algo que no está reservado para tí; que por mucho que andes por el camino tortuoso de la vida, siempre habrá albergues de felicidad,pero estarán llenos de amigos, conocidos, familiares...
Así que no te queda otra que ver la vida desde la calle, y tu único consuelo será ver a las otras personas felices; y te hará feliz el simple hecho de saber que estás recorriendo el camino de la vida con dignidad.
Así que no te queda otra que ver la vida desde la calle, y tu único consuelo será ver a las otras personas felices; y te hará feliz el simple hecho de saber que estás recorriendo el camino de la vida con dignidad.
miércoles, 24 de febrero de 2010
se marchó
El mundo empezó desde que ví sus ojos...
Sus labios impregnaron con su chasquido frenético
cada poro de mi alma.
Las fragancias estivales vinieron a converger delante de mis manos.
Y mira por donde, quedé prendado de su risa.
Su voz sonaba cálida y crepuscular,
como un canto efímero.
El chapoteo de su caricia
hizo florecer mis nervios marchitos.
Pero se marchó;
Y la desesperanza impulsó mis ansias,
la negra cólera atrajo a los fantasma,
y mi alma pidió nuevos rumbos.
Sus labios impregnaron con su chasquido frenético
cada poro de mi alma.
Las fragancias estivales vinieron a converger delante de mis manos.
Y mira por donde, quedé prendado de su risa.
Su voz sonaba cálida y crepuscular,
como un canto efímero.
El chapoteo de su caricia
hizo florecer mis nervios marchitos.
Pero se marchó;
Y la desesperanza impulsó mis ansias,
la negra cólera atrajo a los fantasma,
y mi alma pidió nuevos rumbos.
lunes, 22 de febrero de 2010
A mis compis del curso de la UIMP en Agosto de 2009
Madrid son sueños de una noche de verano, metro inhalando calor y universidades.
Son cursos ,inmersiones , son risas entre los pasillos, compañeros de los cuatro puntos cardinales.
Madrid son hoteles, son NHs, son gente bajando en San Bernando, gastando las pelas en un pub sueco, es compartir habitación separando las camas.
Madrid huele a hojas repletas de tinta, a Moncloa, argüelles y a inglés improvisado.
Es verbena, cielo azul, asfalto ardiente y comida de residencia.
Madrid es juventud que sale de noche, que apenas duerme y dormida desayuna. Son los donuts atragantados, cafés a 40 céntimos y máquinas de refrescos.
Madrid es Andalucía, Valencia y las dos Castillas: Galicia, Cataluña, Asturias y Navarra. Madrid es Murcia y Aragón. Madrid lo es todo.
Es el prado, reina Sofía, es el pic-nic en algún lugar del retiro, una pelirroja hiperactiva, un colegio Mayor en reformas y un camino por una escalera.
Es un corte inglés con Carlos Baute, que da por detrás y por delante...
Madrid son cinco días que se pasan volando, es conocer gente que nunca se olvida, es alegría, esperanza, y reecuentro. Y una mirada que volver a ver quisieras.
Madrid es un donde vamos, que tomamos. Un " a las 23.00 en el hall". Son prisas en el metro, olor a perfume y a colonia Nenuco, es una botellona al final de Marqués de Urquijo. Es querer volver, es el pasar rápido del reloj. Es un postre de naranja ácida y una sopa de melón que se repite.
Un ya nos veremos, un te echaré de menos. Un sensación de que nada será igual.
Madrid es un recuerdo, y en él estaréis siempre.
Son cursos ,inmersiones , son risas entre los pasillos, compañeros de los cuatro puntos cardinales.
Madrid son hoteles, son NHs, son gente bajando en San Bernando, gastando las pelas en un pub sueco, es compartir habitación separando las camas.
Madrid huele a hojas repletas de tinta, a Moncloa, argüelles y a inglés improvisado.
Es verbena, cielo azul, asfalto ardiente y comida de residencia.
Madrid es juventud que sale de noche, que apenas duerme y dormida desayuna. Son los donuts atragantados, cafés a 40 céntimos y máquinas de refrescos.
Madrid es Andalucía, Valencia y las dos Castillas: Galicia, Cataluña, Asturias y Navarra. Madrid es Murcia y Aragón. Madrid lo es todo.
Es el prado, reina Sofía, es el pic-nic en algún lugar del retiro, una pelirroja hiperactiva, un colegio Mayor en reformas y un camino por una escalera.
Es un corte inglés con Carlos Baute, que da por detrás y por delante...
Madrid son cinco días que se pasan volando, es conocer gente que nunca se olvida, es alegría, esperanza, y reecuentro. Y una mirada que volver a ver quisieras.
Madrid es un donde vamos, que tomamos. Un " a las 23.00 en el hall". Son prisas en el metro, olor a perfume y a colonia Nenuco, es una botellona al final de Marqués de Urquijo. Es querer volver, es el pasar rápido del reloj. Es un postre de naranja ácida y una sopa de melón que se repite.
Un ya nos veremos, un te echaré de menos. Un sensación de que nada será igual.
Madrid es un recuerdo, y en él estaréis siempre.
domingo, 21 de febrero de 2010
Dentistas
Resulta que el otro día estaba en la sala de espera del dentista, pasando las páginas de una de las únicas revista que por allí encontré (sí, lo prefiero a aburrirme como un bellaco): ¿Qué me estás contado?, o ¿Qué coño dices?, o ¿Qué dices ,cojones? …No recuerdo el nombre.
Que si fulano se había casado con una fulana, que si a aquella se le vió medio pezón durante un acto benéfico de estos a los que van los famosos para limpiar su conciencia…
En esas estaba hasta que estalla un sonido de martillo mecánico procedente de una obra cercana. Levanto la vista de la revista y con media sonrisa bromeo con un asustado chiquillo de unos ochos años, sentado justo enfrente mía:
-Así se las gastan los dentistas.
Que si fulano se había casado con una fulana, que si a aquella se le vió medio pezón durante un acto benéfico de estos a los que van los famosos para limpiar su conciencia…
En esas estaba hasta que estalla un sonido de martillo mecánico procedente de una obra cercana. Levanto la vista de la revista y con media sonrisa bromeo con un asustado chiquillo de unos ochos años, sentado justo enfrente mía:
-Así se las gastan los dentistas.
jueves, 18 de febrero de 2010
Balas a mí
No dejo de mirar “Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío”de Goya, o “Los fusilamientos del 3 de Mayo”, como quieran llamarlo. Lo tengo en mi habitación , sacado de un recorte de periódico ,colgado entre postales y fotos dignas de conservar; lo miro y admiro cada día como la primera vez, y cada vez que voy a Madrid y puedo, me escapo al Prado y busco, entre otros, la genial obra que un también genial artista pintó…Lo observo, y en él veo reflejados distintos momentos de la vida, distintas actitudes que tomamos en cada uno de los personajes. Veo en él a la sociedad encarnada, reflejada en cada trazo de pintura, en cada milímetro de tela. Pero mi personaje favorito del cuadro, el que siempre llevo por bandera, es al gachó de la camisa blanca…
Algunos verán al compatriota como a un hombre abatido, acobardado ante el inminente destino, solo un vencido más de los muchos de aquella nefasta e infame guerra; Otros lo verán como a una persona que ante un destino incierto y cruel, levanta los brazos con esa mirada llena de cólera que se clava como un puñal en el pecho de los gabachos que le apuntan y ,en actitud desafiante, grita: “¡¡¡Balas a mí, hijos de la gran puta!!!”
Me quedo con esa segunda visión y es que en esto
consiste esta vida que nos ha tocado vivir, aunque nos duela: un continuo ir y venir de balazos, de desconocidos apuntándonos al pecho, de compañeros caídos, de gente digna que resiste, y que levanta los brazos, desafiando a las balas y a la muerte, gritando, vete tú a saber qué improperios, antes de ser cazado, antes de ser un caído más.
Y mientras nos llegan esas balas, abrimos los brazos para recoger lo más importante: nuestras aficiones, amistades, nuestro amor, familia, nuestros libros y película…Abres los brazos para que en cada poro de tu piel entre aquella brisa que lleva consigo las grandes cosas por las que merece la pena luchar. Todo esos nos aleja del olor a sangre y pólvora, de los gritos de la gente de al lado, del retumbar de los cañonazos…Y sabemos, esperamos a las balas con la absoluta certeza de que todo, absolutamente todo, viene de la mano, lo bueno y lo malo.
También están los que se esconden, los que miran con horror el panorama, los que viven en el pueblo del fondo ajenos a la barbarie y a la cruda realidad. Los que apuntan por deber, por ensañamiento o por venganza. Esa es la vida, la de los vencedores y los vencidos. La vida de los que les importa esto un carajo y la de los que se conmueven con cada gota de sangre, con cada latido. Esa es la metáfora de Goya, ese pintor que murió viejo, sordo y olvidado, en un país llamado Francia. Y ese cuadro, entre otras cosas, es un guiño que nos dice que hemos de vivir y morir con dignidad. Con la camisa (la conciencia) siempre limpia y blanca. Con dos cojones.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Día de San Valentín
Día de San Valentín, miles de personas apoltronadas ante escaparates con adornos de mil demonios, corazones de cartón que te dicen “Hola ¿Qué hay?”, Cupiditos estampados en los cristales, como si hubiesen estado ahí toda su vida lanzando flechitas a jóvenes despistados y a señoritas que van a la caza de esa blusa rebajada. Bombones aguantando estoicos el paso del tiempo y a algún que otro rayito de este sol de Febrero, y montones de ramos de flores, algunos de dudoso gusto, que dejan a la altura del betún a algún que otro invernadero.
Y te los ves ahí, esa parejita cogida de la mano, sonrisa profident ambos made in Vital dent, gomina patrico él, larga melena al viento ella, ropa cara, ¿Que digo cara?, carísima, comprada lejos de esos lugares, donde compran los parias, que ellos llaman mercadillo.
“Que bonito cari” Dice ella, mientras le pasa una mano por la espalda a su musculado y atlético novio, cónyuge, amigo con derecho a roce o yo qué sé que coño se lleva ahora…
Y los miras de reojo, deseando que el fornido mancebo no estropee la escena ya dantesca de por sí, y dices en tus adentro ”No lo digas, no lo digas, deja que hable el silencio, controla el momento y no abras la boca, que mucha labia se ve que no tienes, compi…”.
No te da tiempo de terminar tu reflexión cuando él mueve los labios y balbucea: “Si…” (¡No sigas joder…!) “Pero no tanto como tú”. Puff, lo dijo, muy bien chaval, recurso fácil, el “no tanto como tú…”.Será que ella no está harta de escuchar esa frase, será que no se le han acercado maromos de metro noventa, otros buitres de gimnasio y no le han dicho lo mismo que tú… Que no te culpo a ti, que lo sepas… Sé que las tres horas diarias que te pasas en el gimnasio no te hayan permitido darte una vuelta por la biblioteca y echar un vistazo a algo escrito por ese Chileno llamado Pablo Neruda, o ese renacentista (no es que haya nacido en una ciudad llamada renacimiento, que lo sepas, me refiero a la época) llamado Garcilaso de la Vega. Quizás no sepas expresarle lo que sientes a esa persona porque crees que la generación del 27 eran un grupo de futbolistas. No has visto películas como dios manda porque estás harto de ver esas de marcianitos, cuando el gimnasio y tus horas libres después de tocarte el pelo te lo permite, claro. Pero bueno, que no tienes la culpa, supongo que es esta sociedad que premia antes al cuerpo idealizado de una escultura griega, que a un cerebro moldeado por siglos de literatura y pintura, años de cine, miles de años de pensamiento, y sobre todo, grandes dosis de humildad.
Volviendo a San Valentín, al escaparate, y a las estanterías , dedicadas al santo del Amor, que cada ve quedan más vacías… La cuestión es que, después de que el colega le haya dicho a su acompañante “si…pero no tanto como tú” y se haya quedado tan pancho el hijoputa, sin ni siquiera haberse dado cuenta de su patinazo…La chavala se queda allí, observando, esperando alguna palabra o un gesto (beso, abrazo o vete tú a saber…) y luego con resignación se percata de que su media naranja no da más de sí, que es un poco corto el pobre, “tantas vitaminas de esas que se toman para que le crezcan los bíceps como ruedas de camión le han debido de machacar la imaginación”. Pero bueno, chica, ¿Qué le vamos a hacer? Así lo has querido, preferiste al ligón de playa que en verano se calza su tanga del estilo “cogerloahí”, y se cuela en la playa con sus montes de Toledo brillando al sol debajo del tanga, aguardando las miradas de las mozas veraniegas que se ruborizan cuando ven a un macho de tu talla y calado, según él.
Ella creía que iba a ser feliz, creía que la belleza externa suprema traía la felicidad, no se daba cuenta de que el afán de perfección hace a algunas personas insoportables. Y se percataba porque cuando a ella le apetecía un relajado paseo por el parque acompañada por su pareja, como debe ser, él no podía “no, gordi, que esta semana solo he entrenado 15 horas, y hoy me toca espalda y tríceps, otro día vamos, ¿ok makei?”. Tú piensas que es un imbécil, que como puede cambiar a una máquina por una persona, y piensas que es reimbécil cuando esa persona es una a la que supuestamente ama. Pero el prefiere las vitaminas, el olor a sudor y a lubricante de máquina antes de acompañarla, a hacer algo tan simple como ser feliz juntos. Pero como es cortito, no lo entiende. Cree que ella estará allí toda su vida, aguantando sus mojigandas y miserias, el gilipollas.
Prefirió a ese, digo, antes que a su compañero de clase, más feillo, puede ser, pero de gran corazón, que siempre tuvo detalles con ella, que nunca le faltó cuando lo necesitaba. Que no necesitaba un puto día para demostrarle que la amaba, para él todo el año era san Valentín, “porque si solo había un día en el año en el que te acuerdas de esa persona… mal vamos”, decía él. No necesitaba grandes horas de gimnasios, las justas para estar en forma y hacer algo de deporte. Y sabía cuál era su sitio en la vida, allí donde estaba ella, estaba la felicidad, ¿Para qué quería más?...
Y ella, en el escaparate lo recuerda, su timidez, su mirada sincera y tierna, pero capaz de mover la tierra para no separarse nunca de ella. Lo ve a través del cristal, entre las flores , los bombones y el asqueroso cuerpo escultural del puto Cupido y piensa que si fuera él el que le estaba cogiendo de la mano , le habría agarrado suavemente de la cintura y con una dulce caricia en la mejilla le habría plantado un beso, que lo dice todo…
Y te los ves ahí, esa parejita cogida de la mano, sonrisa profident ambos made in Vital dent, gomina patrico él, larga melena al viento ella, ropa cara, ¿Que digo cara?, carísima, comprada lejos de esos lugares, donde compran los parias, que ellos llaman mercadillo.
“Que bonito cari” Dice ella, mientras le pasa una mano por la espalda a su musculado y atlético novio, cónyuge, amigo con derecho a roce o yo qué sé que coño se lleva ahora…
Y los miras de reojo, deseando que el fornido mancebo no estropee la escena ya dantesca de por sí, y dices en tus adentro ”No lo digas, no lo digas, deja que hable el silencio, controla el momento y no abras la boca, que mucha labia se ve que no tienes, compi…”.
No te da tiempo de terminar tu reflexión cuando él mueve los labios y balbucea: “Si…” (¡No sigas joder…!) “Pero no tanto como tú”. Puff, lo dijo, muy bien chaval, recurso fácil, el “no tanto como tú…”.Será que ella no está harta de escuchar esa frase, será que no se le han acercado maromos de metro noventa, otros buitres de gimnasio y no le han dicho lo mismo que tú… Que no te culpo a ti, que lo sepas… Sé que las tres horas diarias que te pasas en el gimnasio no te hayan permitido darte una vuelta por la biblioteca y echar un vistazo a algo escrito por ese Chileno llamado Pablo Neruda, o ese renacentista (no es que haya nacido en una ciudad llamada renacimiento, que lo sepas, me refiero a la época) llamado Garcilaso de la Vega. Quizás no sepas expresarle lo que sientes a esa persona porque crees que la generación del 27 eran un grupo de futbolistas. No has visto películas como dios manda porque estás harto de ver esas de marcianitos, cuando el gimnasio y tus horas libres después de tocarte el pelo te lo permite, claro. Pero bueno, que no tienes la culpa, supongo que es esta sociedad que premia antes al cuerpo idealizado de una escultura griega, que a un cerebro moldeado por siglos de literatura y pintura, años de cine, miles de años de pensamiento, y sobre todo, grandes dosis de humildad.
Volviendo a San Valentín, al escaparate, y a las estanterías , dedicadas al santo del Amor, que cada ve quedan más vacías… La cuestión es que, después de que el colega le haya dicho a su acompañante “si…pero no tanto como tú” y se haya quedado tan pancho el hijoputa, sin ni siquiera haberse dado cuenta de su patinazo…La chavala se queda allí, observando, esperando alguna palabra o un gesto (beso, abrazo o vete tú a saber…) y luego con resignación se percata de que su media naranja no da más de sí, que es un poco corto el pobre, “tantas vitaminas de esas que se toman para que le crezcan los bíceps como ruedas de camión le han debido de machacar la imaginación”. Pero bueno, chica, ¿Qué le vamos a hacer? Así lo has querido, preferiste al ligón de playa que en verano se calza su tanga del estilo “cogerloahí”, y se cuela en la playa con sus montes de Toledo brillando al sol debajo del tanga, aguardando las miradas de las mozas veraniegas que se ruborizan cuando ven a un macho de tu talla y calado, según él.
Ella creía que iba a ser feliz, creía que la belleza externa suprema traía la felicidad, no se daba cuenta de que el afán de perfección hace a algunas personas insoportables. Y se percataba porque cuando a ella le apetecía un relajado paseo por el parque acompañada por su pareja, como debe ser, él no podía “no, gordi, que esta semana solo he entrenado 15 horas, y hoy me toca espalda y tríceps, otro día vamos, ¿ok makei?”. Tú piensas que es un imbécil, que como puede cambiar a una máquina por una persona, y piensas que es reimbécil cuando esa persona es una a la que supuestamente ama. Pero el prefiere las vitaminas, el olor a sudor y a lubricante de máquina antes de acompañarla, a hacer algo tan simple como ser feliz juntos. Pero como es cortito, no lo entiende. Cree que ella estará allí toda su vida, aguantando sus mojigandas y miserias, el gilipollas.
Prefirió a ese, digo, antes que a su compañero de clase, más feillo, puede ser, pero de gran corazón, que siempre tuvo detalles con ella, que nunca le faltó cuando lo necesitaba. Que no necesitaba un puto día para demostrarle que la amaba, para él todo el año era san Valentín, “porque si solo había un día en el año en el que te acuerdas de esa persona… mal vamos”, decía él. No necesitaba grandes horas de gimnasios, las justas para estar en forma y hacer algo de deporte. Y sabía cuál era su sitio en la vida, allí donde estaba ella, estaba la felicidad, ¿Para qué quería más?...
Y ella, en el escaparate lo recuerda, su timidez, su mirada sincera y tierna, pero capaz de mover la tierra para no separarse nunca de ella. Lo ve a través del cristal, entre las flores , los bombones y el asqueroso cuerpo escultural del puto Cupido y piensa que si fuera él el que le estaba cogiendo de la mano , le habría agarrado suavemente de la cintura y con una dulce caricia en la mejilla le habría plantado un beso, que lo dice todo…
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