El mundo empezó desde que ví sus ojos...
Sus labios impregnaron con su chasquido frenético
cada poro de mi alma.
Las fragancias estivales vinieron a converger delante de mis manos.
Y mira por donde, quedé prendado de su risa.
Su voz sonaba cálida y crepuscular,
como un canto efímero.
El chapoteo de su caricia
hizo florecer mis nervios marchitos.
Pero se marchó;
Y la desesperanza impulsó mis ansias,
la negra cólera atrajo a los fantasma,
y mi alma pidió nuevos rumbos.
miércoles, 24 de febrero de 2010
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