miércoles, 17 de febrero de 2010

Día de San Valentín

Día de San Valentín, miles de personas apoltronadas ante escaparates con adornos de mil demonios, corazones de cartón que te dicen “Hola ¿Qué hay?”, Cupiditos estampados en los cristales, como si hubiesen estado ahí toda su vida lanzando flechitas a jóvenes despistados y a señoritas que van a la caza de esa blusa rebajada. Bombones aguantando estoicos el paso del tiempo y a algún que otro rayito de este sol de Febrero, y montones de ramos de flores, algunos de dudoso gusto, que dejan a la altura del betún a algún que otro invernadero.

Y te los ves ahí, esa parejita cogida de la mano, sonrisa profident ambos made in Vital dent, gomina patrico él, larga melena al viento ella, ropa cara, ¿Que digo cara?, carísima, comprada lejos de esos lugares, donde compran los parias, que ellos llaman mercadillo.
“Que bonito cari” Dice ella, mientras le pasa una mano por la espalda a su musculado y atlético novio, cónyuge, amigo con derecho a roce o yo qué sé que coño se lleva ahora…

Y los miras de reojo, deseando que el fornido mancebo no estropee la escena ya dantesca de por sí, y dices en tus adentro ”No lo digas, no lo digas, deja que hable el silencio, controla el momento y no abras la boca, que mucha labia se ve que no tienes, compi…”.
No te da tiempo de terminar tu reflexión cuando él mueve los labios y balbucea: “Si…” (¡No sigas joder…!) “Pero no tanto como tú”. Puff, lo dijo, muy bien chaval, recurso fácil, el “no tanto como tú…”.Será que ella no está harta de escuchar esa frase, será que no se le han acercado maromos de metro noventa, otros buitres de gimnasio y no le han dicho lo mismo que tú… Que no te culpo a ti, que lo sepas… Sé que las tres horas diarias que te pasas en el gimnasio no te hayan permitido darte una vuelta por la biblioteca y echar un vistazo a algo escrito por ese Chileno llamado Pablo Neruda, o ese renacentista (no es que haya nacido en una ciudad llamada renacimiento, que lo sepas, me refiero a la época) llamado Garcilaso de la Vega. Quizás no sepas expresarle lo que sientes a esa persona porque crees que la generación del 27 eran un grupo de futbolistas. No has visto películas como dios manda porque estás harto de ver esas de marcianitos, cuando el gimnasio y tus horas libres después de tocarte el pelo te lo permite, claro. Pero bueno, que no tienes la culpa, supongo que es esta sociedad que premia antes al cuerpo idealizado de una escultura griega, que a un cerebro moldeado por siglos de literatura y pintura, años de cine, miles de años de pensamiento, y sobre todo, grandes dosis de humildad.

Volviendo a San Valentín, al escaparate, y a las estanterías , dedicadas al santo del Amor, que cada ve quedan más vacías… La cuestión es que, después de que el colega le haya dicho a su acompañante “si…pero no tanto como tú” y se haya quedado tan pancho el hijoputa, sin ni siquiera haberse dado cuenta de su patinazo…La chavala se queda allí, observando, esperando alguna palabra o un gesto (beso, abrazo o vete tú a saber…) y luego con resignación se percata de que su media naranja no da más de sí, que es un poco corto el pobre, “tantas vitaminas de esas que se toman para que le crezcan los bíceps como ruedas de camión le han debido de machacar la imaginación”. Pero bueno, chica, ¿Qué le vamos a hacer? Así lo has querido, preferiste al ligón de playa que en verano se calza su tanga del estilo “cogerloahí”, y se cuela en la playa con sus montes de Toledo brillando al sol debajo del tanga, aguardando las miradas de las mozas veraniegas que se ruborizan cuando ven a un macho de tu talla y calado, según él.
Ella creía que iba a ser feliz, creía que la belleza externa suprema traía la felicidad, no se daba cuenta de que el afán de perfección hace a algunas personas insoportables. Y se percataba porque cuando a ella le apetecía un relajado paseo por el parque acompañada por su pareja, como debe ser, él no podía “no, gordi, que esta semana solo he entrenado 15 horas, y hoy me toca espalda y tríceps, otro día vamos, ¿ok makei?”. Tú piensas que es un imbécil, que como puede cambiar a una máquina por una persona, y piensas que es reimbécil cuando esa persona es una a la que supuestamente ama. Pero el prefiere las vitaminas, el olor a sudor y a lubricante de máquina antes de acompañarla, a hacer algo tan simple como ser feliz juntos. Pero como es cortito, no lo entiende. Cree que ella estará allí toda su vida, aguantando sus mojigandas y miserias, el gilipollas.

Prefirió a ese, digo, antes que a su compañero de clase, más feillo, puede ser, pero de gran corazón, que siempre tuvo detalles con ella, que nunca le faltó cuando lo necesitaba. Que no necesitaba un puto día para demostrarle que la amaba, para él todo el año era san Valentín, “porque si solo había un día en el año en el que te acuerdas de esa persona… mal vamos”, decía él. No necesitaba grandes horas de gimnasios, las justas para estar en forma y hacer algo de deporte. Y sabía cuál era su sitio en la vida, allí donde estaba ella, estaba la felicidad, ¿Para qué quería más?...

Y ella, en el escaparate lo recuerda, su timidez, su mirada sincera y tierna, pero capaz de mover la tierra para no separarse nunca de ella. Lo ve a través del cristal, entre las flores , los bombones y el asqueroso cuerpo escultural del puto Cupido y piensa que si fuera él el que le estaba cogiendo de la mano , le habría agarrado suavemente de la cintura y con una dulce caricia en la mejilla le habría plantado un beso, que lo dice todo…

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