jueves, 18 de febrero de 2010

Balas a mí


No dejo de mirar “Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío”de Goya, o “Los fusilamientos del 3 de Mayo”, como quieran llamarlo. Lo tengo en mi habitación , sacado de un recorte de periódico ,colgado entre postales y fotos dignas de conservar; lo miro y admiro cada día como la primera vez, y cada vez que voy a Madrid y puedo, me escapo al Prado y busco, entre otros, la genial obra que un también genial artista pintó…Lo observo, y en él veo reflejados distintos momentos de la vida, distintas actitudes que tomamos en cada uno de los personajes. Veo en él a la sociedad encarnada, reflejada en cada trazo de pintura, en cada milímetro de tela. Pero mi personaje favorito del cuadro, el que siempre llevo por bandera, es al gachó de la camisa blanca…

Algunos verán al compatriota como a un hombre abatido, acobardado ante el inminente destino, solo un vencido más de los muchos de aquella nefasta e infame guerra; Otros lo verán como a una persona que ante un destino incierto y cruel, levanta los brazos con esa mirada llena de cólera que se clava como un puñal en el pecho de los gabachos que le apuntan y ,en actitud desafiante, grita: “¡¡¡Balas a mí, hijos de la gran puta!!!”

Me quedo con esa segunda visión y es que en esto
consiste esta vida que nos ha tocado vivir, aunque nos duela: un continuo ir y venir de balazos, de desconocidos apuntándonos al pecho, de compañeros caídos, de gente digna que resiste, y que levanta los brazos, desafiando a las balas y a la muerte, gritando, vete tú a saber qué improperios, antes de ser cazado, antes de ser un caído más.

Y mientras nos llegan esas balas, abrimos los brazos para recoger lo más importante: nuestras aficiones, amistades, nuestro amor, familia, nuestros libros y película…Abres los brazos para que en cada poro de tu piel entre aquella brisa que lleva consigo las grandes cosas por las que merece la pena luchar. Todo esos nos aleja del olor a sangre y pólvora, de los gritos de la gente de al lado, del retumbar de los cañonazos…Y sabemos, esperamos a las balas con la absoluta certeza de que todo, absolutamente todo, viene de la mano, lo bueno y lo malo.

También están los que se esconden, los que miran con horror el panorama, los que viven en el pueblo del fondo ajenos a la barbarie y a la cruda realidad. Los que apuntan por deber, por ensañamiento o por venganza. Esa es la vida, la de los vencedores y los vencidos. La vida de los que les importa esto un carajo y la de los que se conmueven con cada gota de sangre, con cada latido. Esa es la metáfora de Goya, ese pintor que murió viejo, sordo y olvidado, en un país llamado Francia. Y ese cuadro, entre otras cosas, es un guiño que nos dice que hemos de vivir y morir con dignidad. Con la camisa (la conciencia) siempre limpia y blanca. Con dos cojones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario