Es caprichoso el mundo y el pintor que lo dibuja. Cada día un tono diferente, una mezcla sutil de óleos que colorean las caras y los cabellos, una estación tras otra que se mezclan en paletadas nostálgicas. Y en cada lienzo tu voz cálida, azul y penetrante. Y en los ecos de la ciudad que amo tus pasos sutiles en calles sin nombre que recuerdan que allí pisaron gente con otros zapatos, pero con el mismo ímpetu y fuerza de amores olvidados, conservados o postergados hasta el dolor.
Tu risa entre escaparates olvidados a la luz de candiles sin fuerza, tu tersa piel entre los estanques de un parque retirado cuyas aguas recuerdan el reflejo de una tarde de verano. Te busco en museos y en cines y no te encuentro. Y de repente el día se vuelve gris, el suelo empieza a arder y una intensa niebla cubre mis ojos.
viernes, 19 de marzo de 2010
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